lunes, 13 de mayo de 2013

Estoy enamorado

No es muy clara la definición de enamorado que da la RAE, pero apliquemosla a lo siguiente. Estoy enamorado, de la mujer trabajadora, de la que da todo para lograr sus objetivos, para alcanzar sus sueños, de la que no negocia sus principios, de la que deja de comer para que otro lo haga, de la que no se deja mandar sino que cuestiona las razones; estoy enamorado de ella, que pelea mil batallas al día y al final puede abrir sus brazos para dar más; estoy enamorado del señor que vende los tintos en la esquina, en cualquier esquina, ese que madruga mucho para alcanzar a preparar el almuerzo a sus pequeños, que se esfuerza para que su café sea el mejor, y que aunque la gente lo ignore el siempre tiene una sonrisa, estoy enamorado de su esfuerzo, el que hace para no madrear al patán que lo insulto, o a ese que se fue sin pagarle, o a la señora que le pide rebaja porque va a comprar dos (Como si su trabajo no lo valiera); estoy enamorado de los universitarios que piensan en su país, si, de aquellos que creen posible el cambio, y empiezan por cambiar ellos, estoy enamorado de esos idealistas que no se conforman con criticar al estado desde la comodidad de su escritorio o el sillón de su casa; sino que buscan una causa justa, cualquiera que sea y empeñan su vida para que salga adelante; estoy enamorado del policía y el agente de tránsito, si, suena raro pero si; de aquellos que son honestos y hacen respetar las leyes incluso para sus amigos más queridos, aquellos que han entendido que la ley es para todos, estoy enamorado de ellos porque no reciben soborno o chanchullo como decimos en macondo, sino que dejan el nombre de la institución en alto; pero por todo lo demás estoy enamorado del amor, del sentimiento más noble que se puede sentir por alguien, que ha inspirado canciones, poemas, libros, películas y cualquier cantidad de cosas; estoy enamorado del amor, porque hizo que un hombre pusiera su vida por amor a muchos, porque hizo que Jesús en la cruz, sin razón alguna no se quejara de su muerte, sino que implorara por los que quedábamos vivos. 


CRISTIAN LOAIZA