En muchas ocasiones, damos más de
lo que recibimos; en un campo meramente administrativo lo llamaríamos pérdidas;
pero en la vida real, es decir la que involucra sentimientos, emociones, y por
supuesto dinero (en pequeña o gran escala), no hemos logrado definir claramente
el término. Podríamos bien llamarlo déficit de atención por la contraparte,
falta de compromiso del receptor principal, o simple y llanamente desinterés
racional. Se supone que debe haber un punto de equilibrio que propenda de una u
otra manera al status quo de la relación; es decir que ambas partes puedan
aportar al crecimiento mutuo, que las sorpresas agradables sean de los dos
lados y así poder generar un gana-gana en el que ambos estén constantemente
beneficiados.
Si bien en un principio el
inversionista principal (volviendo a lo administrativo) no tiene claro si
funciona la economía de escala o hablando en términos financieros desconoce el
retorno de sus intereses, no sabe si serán compuestos o simples y mucho menos
sabe cuál será su tasa interna de retorno; pero sea lo que sea, sin tener en
cuenta el riesgo del negocio, él se la juega toda, e invierte en ello todos sus
recursos; sin ser un experimentado CEO organizacional, a simple vista este sería
un error gravísimo.
Por otro lado, en la vida normal,
es lo que suele pasarnos a diario; vas por ahí caminando por la vida, sin pretensiones,
sin argumentos prestados, sin deseo alguno de provocar en los demás reacciones
a favor o en contra tuya; simplemente viviendo, exponiendo a diario tu
aprendizaje adquirido a lo largo del tiempo, y proyectándote un futuro incierto
(En términos meramente terrenales) pero
con ansias de que sea el mejor; cuando de repente, sin saberlo, sin pensarlo,
sin esperarlo, te ves claramente afectado, es decir ya entraste al juego y tu
apuesta es alta, ya eres un inversionista, metiste tu capital en una sociedad
que sin duda alguna para bien o para mal, marcara tu destino.
Hay una formula financiera que
nos permite calcular las ganancias o pérdidas teniendo en cuenta algunas
variables del entorno (riesgo, interés, tiempo) lo cual nos permite decidir si
invertimos o no; por otro lado, la vida no es así siempre; a veces creemos que
estamos dando más de lo que recibimos (posiblemente es porque es cierto) pero
debemos hacer un pare, preguntarnos si la inversión está cumpliendo su
objetivo, si está siendo bien recibida o si definitivamente es un gasto; además
si estamos percibiendo el retorno o se está desviando hacia alguna otra fuente;
cuando tengas claras tus respuestas, entonces decide: Incrementas tu inversión,
o Retiras tus aspiraciones.
Así de simple podemos entender
las relaciones sentimentales.
CRISTIAN LOAIZA
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